Socialismo en el Aula

Esta entrada del blog se debe a un comentario que le escuché a Antonio José Chinchetru en la sección de ruegos y preguntas en la  charla: “Domingo Soriano – ¿Por qué el capitalismo no es atractivo?” (minuto 49 aproximadamente).

Esta historia permite extraer una serie de afirmaciones que son extrapolables a la sociedad en general. Lo describo aquí un poco adornado.

Todo comienza en un instituto de secundaria o universidad en Estados Unidos.

El profesor, el primer día de clase, les cuenta a sus alumnos cuáles son sus planes para el curso. Habrá que entregar unos trabajos hechos en grupo durante el curso y realizar unos exámenes.

La novedad surge porque un grupo de alumnos comentan que podrían realizar el curso de una manera especial, socialmente más responsable. Todos se esforzarían juntos, en los trabajos y los exámenes, ayudándose los unos a otros. Si alguien no colabora, sería el grupo el que buscaría soluciones, ya sea ayudar a esa persona si no tiene tiempo, ya sea incentivarle si es menos trabajador. Y al final, la nota de todos los alumnos será exactamente la misma.

El experimento es interesante, porque el curso en sí es el mismo (trabajos y exámenes), sólo cambian los incentivos. Es esta diferencia relevante?

El profesor acepta encantado, pues es un experimento sociológico excelente. Realizara exámenes periódicos, conociendo de este modo la nota real de cada alumno, pero para cada examen solo proporcionara una nota igual para todos, el valor promedio de todas las notas de los alumnos en ese examen.

Comienza el curso. El profesor explica las lecciones, manda ejercicios, se hace un trabajo en grupo, y llega el momento de hacer el primer examen.

En el primer examen la nota media de todos los alumnos es de 6 sobre 10, un “bien”. Pero que sea la nota promedio no quiere decir que todos los alumnos haya obtenido la misma nota, y no quiere decir que todos los alumnos se hayan esforzado igual estudiando.

De hecho, los peores de clase, esos que nunca estudian y están siempre dando problemas a los demás, esos que siempre suspenden, esos que siempre están hablando en clase… resulta que han aprobado. Han sacado un 6, como todos los demás, habiendo merecido suspender. Están en la gloria, y esto nos lleva a la primera conclusión:

Conclusión 1: Un sistema igualitario premia a los peores, ofreciéndoles las ventajas de pertenecer al grupo pero sin haberse esforzado por ese grupo.

Siguen las clases, y poco después se realiza el segundo examen, donde la nota media resulta ser de 5.5. Que esta sucediendo?

Los “empollones” de clase, ese pequeño grupo de sabiondillos cuatro-ojos se siente engañado. Aquí no todo el mundo trabaja igual. Ellos han estudiado duro, como siempre, para obtener un sobresaliente. Tal vez no un 10, pero sí un 9 sobre 10. Y sin embargo han sacado un 5.5, ¿por qué? Porque su esfuerzo se esta promediando con otros. Esto nos lleva a la segunda conclusión:

Conclusión 2: Un sistema igualitario castiga a los mejores, dándoles menos de lo que merecen.

Esta conclusión es demoledora. Los empollones, que son los futuros médicos, ingenieros… dejan de tener afán de superación, de mejora. En el futuro realizaran operaciones a corazón abierto, o construirán puentes… y no lo harán tan bien como podrían haberlo hecho porque no se formaron apropiadamente. Porque perdieron el incentivo a trabajar para ellos mismos.

Y por eso las notas del conjunto bajan, porque al tratar a todos por igual estamos eliminando a los mejores y promediando la mediocridad. Estamos segando las briznas de césped que sobresalen del resto.

Unas semanas más adelante se produce el tercer examen. Y la nota sigue bajando, ahora hasta el 5, un aprobado por los pelos. ¿Cómo es esto posible?

Es que ya no sólo los empollones, aquellos que sacan mejores notas, dejan de estudiar. Es que la mayor parte de la clase, los estudiantes normales y corrientes, son conscientes de que su esfuerzo personal no tiene relación con el resultado final. Y es que ellos tienen muchas cosas que hacer en vez que estudiar. Y no lo digo en sentido negativo. Algunos tendrán que ayudar a sus padres a hacer alguna tarea, alguno tal vez sea padre precoz y tenga que cuidar de su hijo enfermo, o tenga que hacer papeleo en el ayuntamiento. En definitiva, no han tenido tiempo para estudiar, pero no por ser malos, sino porque tenían otra prioridad en ese momento.

Conclusión 3: Una sociedad igualitaria lleva a la mayor parte de sus miembros a la autocomplacencia, a restarle importancia al esfuerzo, y a depender del sistema para seguir adelante.

Esta ultima conclusión es muy dura, porque involucra a la mayor parte de la sociedad. Ya no es el problema de algunos estudiantes excepcionalmente buenos, o de otros especialmente malos, ahora es el conjunto lo que falla. Y las notas bajan examen tras examen en caída libre.

Conclusión 4: En un sistema igualitario, los resultados de los individuos convergen la baja.

Pero es que los exámenes siguen, y en el siguiente el resultado es de 4.5, ¡un suspenso!

Esto implica un cambio importante, porque por primera vez toda la clase suspende ¿Por qué?

Esta pregunta se realiza en clase, y la respuesta es obvia. Aquí hay quien antes estudiaba y hacía buenos exámenes, los empollones. Y ellos han sido los que fundamentalmente han dejado de estudiar ¿Y quién no ha cambiado en nada? Los peores de la clase, que nunca se han esforzado. Y sin haber cambiado, ahora resulta que han suspendido. No, esto no puede ser. Los peores de la clase se unen y le exigen a los empollones que vuelvan a estudiar. Es su culpa que las cosas hayan empeorado. Es su responsabilidad el estudiar para sacar buenas notas, así ha sido siempre. Y así tiene que ser de nuevo, por las buenas o por las malas.

Conclusión 5: En un sistema igualitario los vagos y maleantes se unen para presionar a los trabajadores, para exigirles que se esfuercen en beneficio de los primeros. Esto es, los malos expropian el esfuerzo de los buenos.

Así que tenemos que los buenos estudiantes tienen que esconderse. Que no se note que son listos, ellos son tan tontos como todos los demás. Si han hecho la mili también saben a lo que me refiero.

¿Y cómo termina esto? Los buenos estudiantes nunca colaborarán por sí mismos con los maleantes, trabajando gratis para sus explotadores. Si realmente queremos implantar este sistema equitativo, tendremos que obligar por la fuerza a los buenos estudiantes a estudiar duro. Tendremos que impedirles salir de clase hasta que muestren resultados, y tendremos que vigilarles de cerca para evitar que dejen de trabajar para el grupo.

Conclusión 6: Un sistema igualitario solo se sostiene por la fuerza, obligando a la realización de trabajos forzados en beneficio de los vagos y maleantes.

Pues esta ha sido la historia ¿Qué le ha parecido? ¿Podría ser verídica?

Autor: willyfog

Turista laboral por la Unión Europea. Por favor que dure. Lo que veo, leo o me cuentan no lo suelo encontrar en español, así que me gusta escribirlo por aquí.

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